Aunque orgánicamente depende de la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio y Sostenibilidad desde 2.008, el Consejo Regulador es un organismo desconcentrado de la administración, cuyo pleno se renueva cada cuatro años por los viticultores y bodegas inscritos en la D.O. Vinos de Madrid.

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Madrid se encarga de que se cumpla el Reglamento de la Denominación de Origen. Se encarga de establecer las normas de actuación del sector en cada campaña y su actuación se puede resumir en cuatro puntos esenciales.

UN MADRID,
EL ÚNICO vino DE DOBLE
NATURALEZA

Frente a la imagen de una metrópoli global, todavía existe un territorio donde se sigue cultivando la vid. La Denominación de Origen Madrid articula este contraste, dando voz a un vino de carácter dual.

Su esencia reside en la proximidad entre lo urbano y lo rural. De la capital recibe el impulso de la innovación y el rigor técnico. De sus cuatro subzonas-Arganda, San Martín de Valdeiglesias,  Navalcarnero y El Molar hereda el arraigo a la tierra, la tradición y los suelos de granito, arcilla y caliza.

El resultado son vinos que reflejan esta condición híbrida. No se explican solo por el terruño, sino por el diálogo constante con la ciudad. Son vinos de estructura definida y personalidad clara, donde la frescura de las garnachas antiguas convive con la solera de las tempranillos.

Conocer los vinos de Madrid es comprender esta paradoja: la de una viticultura que se nutre tanto del silencio de los campos como del dinamismo de la capital. Una denominación que invita a explorar la singularidad de un viñedo que crece a la sombra de una gran ciudad, y que ofrece, en cada copa, una perspectiva distinta.

El Consejo Regulador de Vinos de Madrid celebra 35 años de historia con el lema «35 años poniendo nombre propio al campo», un tributo a su labor en la promoción y defensa de los vinos de la región. Desde 1989, esta institución ha trabajado para consolidar la identidad de los viñedos madrileños, elevando su calidad y reconocimiento. Sus vinos, elaborados con uvas como la Malvar, Albillo Real, garnacha y tempranillo, reflejan el carácter único de esta tierra.

El campo madrileño, antes discreto, hoy brilla con denominación propia gracias al esfuerzo de bodegas y viticultores. Cada cosecha es un testimonio de tradición e innovación, uniendo pasado y futuro. Con eventos, catas y promoción internacional, el Consejo sigue impulsando la cultura del vino. Estos 35 años son solo el comienzo de un legado que seguirá creciendo. ¡Salud por Madrid y sus vinos!